Piedra, papel, o tijera, YA. (abreviado PPOT, porque PPOTY no da.)

La primera vez que jugué al PPOT no sabía las reglas del juego. Perdí.

Era 2017 y publiqué mi primera app. Tenía 13 años.

Randomizly se llamaba.

La máquina generaba un número del 1 al 100 y vos tenías que adivinarlo.
Tenías 7 intentos, y te iba diciendo mayor o menor.

La mayoría se rió. ¿Un juego de matemática?

Patético.

Yo quería entender cómo se creaban las cosas.

Foto real

La segunda vez que jugué al PPOT, me explicaron cómo jugar. Saqué pecho, pero perdí.

En 2018 publiqué mi segunda app. Tenía 14 años.

Spike Galaxy se llamaba.

Tenías 8 bombas, 4 de cada lado.
Una nave que tenías que llevar a la meta.
Al comenzar, algunas bombas se reemplazaban por discos que tenías que apretar para avanzar.

El patrón estaba hardcodeado. Era siempre el mismo.

Algunos se rieron. La mayoría de mi camada lo jugó.

Yo quería ver qué podía crear para que no se rían.

Foto real

La tercera vez que jugué al PPOT, dije YA demasiado tarde y no contó.

2021, una noche furiosa en una cabaña de Bariloche con un amigo.
Programando, claro.

Simply Notes se llamó, aquella app que venía a reemplazar la app de notas que yo tanto odiaba.

Yo quería enseñarle a mi amigo a programar.

Yo quería saber si podía hacer una aplicación que no fuera un juego.

Pocos se enteraron.

La cuarta vez que jugué al PPOT tiré papel de apurado. Si me tomaba un segundo más me anticipaba a la tijera. Perdí.

En 2022 creé la primera app de organización social. Estaba empezando la facu.

Fredi se llamaba.

Reunía tu calendario, notas, recordatorios.

Todo.

Te levantás y lo único que tenás que mirar es Fredi.

La gente escuchó.

Mis amigos cercanos se la bajaron.

Llegué a 1000 descargas.

Pero me olvidé de monetizar, y eventualmente murió.

Yo quería hacer algo que me cambiara el día a día.

La quinta vez que jugué al PPOT estaba cansado de perder, entonces me estudié todas las jugadas. Pero cuando llegó el momento de la verdad, perdí devuelta.

En 2023 nació Swiper, mi último bebé. Tenía 19 años.

Swiper conectó Talento con Startups.
Dos mundos que me gustan.

Muchos de acá lo conocen, lo han usado, o hasta consiguieron trabajo o contrataron.

Eso me da mucho orgullo.

10,000+ personas se la bajaron.
500+ empresas la probaron.

En este proyecto, aprendí de todo.
Ventas, legalidades, desarrollo.

Cómo contratar a tu primer empleado.
Cómo equivocarte y tener que despedir a alguien.

Salimos a buscar capital, pero hicimos introspección y nos dimos cuenta de que nos habíamos desenamorado de lo que estábamos haciendo.

Importante.

Swiper murió en diciembre.

La sexta vez que jugué al PPOT, entendí algo clave. No tenés que pensar en tu rival. Tenés que jugar tu propia estrategia, apostar con todo a tus fuertes.
Team siempre piedra.

Comienzo el 2026 perdido.

Pero encontrado.

Un vacío que me dejan 3 años de dedicarme a Swiper.

Un vacío que decidí llenar con cosas que me sacan una sonrisa, me apasionan, y me dan curiosidad.

Randomizly me enseñó que van a haber haters. A veces la gente más cercana a vos.
Spike Galaxy me enseñó que entender a mi público es esencial.
Simply Notes me enseñó que está buenísimo hacer cosas para mí, pero mejor si son para todos.
Fredi me enseñó que sin plata, hasta la mejor idea muere.
Swiper me enseñó a apostar fuerte cuando lo sentís, y dejarlo ir cuando es el momento.

Este año retomé un proyecto que no es material.

Es más profundo.

Un proyecto que la sociedad te dice que reserves, que guardes en un cajón. Adherite a la máquina que ya funciona, ¿no?

La vida que quiero tener.
Ese es el proyecto.

Soy yo.

Este año apuesto fuerte en mí.

Construyo Limbo porque estoy aprendiendo un montón y me apasiona el problema que resuelve.

Salgo a correr porque me mete en el estilo de vida que quiero, me rodea de gente sana.

Aplico a 5 programas en San Francisco porque sé que por ahí pasa mi futuro.

Ya no juego más al PPOT tradicional. Hay una versión mejor. En vez de buscarte un rival, jugás contra vos mismo. Probás tirar papel 18 veces seguidas a ver cómo respondés. Si, vos mismo. Rotás, cambiás de estrategia. Apostás todo a una ronda. Desperdicias algunas. Aprendes. Creces. Esta nueva versión es más noble. No podés engañar al rival, te estarías engañando a vos mismo. Solo queda una estrategia: seguir probando, y seguir jugando.

Vos, ¿sos tu propio proyecto?

Suscribite, es una señal para que siga escribiendo.

Acá